La desesperanza se impuso en las calles durante las concentraciones opositoras


Lo que se respiraba en el ambiente se hizo realidad. La marcha opositora de este sábado 16 de noviembre le faltó poco para resultar un fiasco. La conjunción de diversos factores hizo mella en las concentraciones efectuadas en todas las regiones del país, que si bien en la capital, Caracas, se observó nutrida con la presencia de su convocante principal, el presidente encargado de Venezuela por la AN, Juan Guaidó, careció de la extensión y entusiasmo de meses atrás.



El ejemplo boliviano no sirvió de mucha inspiración para los venezolanos, que tienen motivos suficientes y mayores no solo para echar a Maduro y sus secuaces sino además para hacer añicos todo lo que pinte de socialismo, sumidos como están en una crisis de proporciones colosales tal como si hubiera ocurrido una catástrofe natural. 

Pudieron advertir Guaidó y los dirigentes opositores que atrás, entre enero y mayo, quedaron las multitudinarias concentraciones, el fervor de los ciudadanos de salir de las casas y poner en punto de ebullición las calles y avenidas en rechazo a la barbarie revolucionaria. Un pasado reciente que pareció evaporarse este sábado, poniendo a pensar a muchos si entonces se dejó escapar una gran oportunidad, y por ello el llamado a las calles sin retorno parece extemporáneo; pese a que en el país no han cesado las protestas, pero estas se han limitado a peticiones puntuales en diferentes regiones: sueldos, servicios básicos, gasolina, inflación, medicamentos, abuso policial. 

Los medios dan cuenta de esa lamentable realidad. El monitoreo por los diversos estados del país lo comprueban. La mayoría de la gente que fue a concentrarse y a marchar se notaba hastiada, agotada, desgastada, sin fe en el futuro y en su dirigencia política. Era la cara visible de quienes representan al resto de compatriotas descontentos que se quedaron en sus hogares apesadumbrados y desolados, o de quienes no pudieron asistir por estar fuera de la paria. Algo urgente tendrán que hacer los adversarios del chavismo-madurismo para levantar esas caras de desencanto de la inmensa mayoría venezolana. 

Pese a lo dicho, Guaidó mostró optimismo ante miles de personas en Chacaíto. Montado sobre un camión, que le sirvió de tarima improvisada, y micrófono en mano dijo ser “un hombre dedicado a que esto cambie. Estoy convencido de que no es suficiente con las victorias diplomáticas sino cuando regresen nuestros familiares y celebremos la Navidad con ellos. Es la calle sin retorno. Tenemos una agenda de conflicto permanente… no nos rendimos y seguiremos en las calles manifestando. Aquí la lucha es hasta que cese la usurpación, hasta que haya transición y haya elecciones libres”, informó vpitv. 


El líder opositor agregó que habló con la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez. “Me hablaba del proceso que les ha tocado vivir, cómo han infiltrado a cubanos e incluso a venezolanos. Celebro que Bolivia se nos adelantó. Lograron el cese de la usurpación, su camino hacia la democracia. Con respecto a Bolivia nos toca calle permanente, calle indefinida. Todo el tiempo me amenazan con meterme preso, pero son puras amenazas. Ellos no salen a la calle porque les da miedo (... ) Es fácil frustrarnos, pero salimos y quiero decirles que no vamos a fallar, no vamos adesfallecer”. Más tarde en demostración de respaldo al nuevo gobierno boliviano se dirigió a la embajada de esa nación.


El desánimo se impone por distintas vías 

El País de España contrastó las declaraciones de Guaidó con una de las asistentes a la marcha, Valentina García, nutricionista de 44 años. “Bolivia tiene unas Fuerzas Armadas serias, acá eso no va a pasar. Llevamos al menos 18 años protestando, pasamos meses en la calle en 2014 y en 2017 y nada pasó. Yo tengo claro que no hay soluciones mágicas y que tampoco hay mesías... “Qué más quisiera yo que que este fuera el último día de protesta, pero quizás pueda ser el comienzo de otra etapa y que la gente se vaya entusiasmando. Quedarme en casa no es opción”

El estancamiento de la lucha política de la oposición – comenta El País- y la agudización de la precariedad en la vida cotidiana han hecho de Venezuela una sociedad cansada, lo que ha tenido un precio para el poder de convocatoria de Guaidó. El dirigente no hacía un llamamiento de este tipo desde hace tres meses, tras los traspiés con la entrada de la ayuda humanitaria, la fallida operación militar de abril y la deriva de las negociaciones con el chavismo iniciadas en Noruega. Al líder de la oposición lo respalda hoy menos gente en las calles de Venezuela, aunque ayer hubo más de la que el desánimo general proyectaba. 

Podrá tenerse una visión global de la disminución del caudal de marchantes, como bien lo menciona El País en su web, si se añade la presencia intimidatoria de las fuerzas militares, el cierre del Metro, la suspensión del suministro de gasolina, bloqueo a Internet, redes sociales y entradas a Caracas ordenadas por Maduro como tácticas arbitrarias para frenar el traslado de muchas personas a la concentración opositora. “Pero además grandes contingentes de hasta 320.000 milicianos armados con fusiles mezclados con «colectivos« y paramilitares circulando en motos, bajo la denominada «Operación Centurión» anunciada por Maduro para «garantizar la paz» han tomado la ciudad, dando una imagen de una peligrosa militarización”, acota el ABC español en su versión digital. 

En respuesta a Globovisión, medio que calificó de fracaso la convocatoria de Guaidó, un tuitero o tuitera vía Noticiero Digital, identificada como Erinia, escribió que este canal “es ahora una franquicia de VTV, así que no tiene el menor valor lo que quiera que se diga desde allí”. Sin embargo, dio sus consideraciones sobre las causas de la desmovilización de mucha gente que no debieran echarse al cesto: 

Dicho lo anterior, ¿qué demonios esperan Guaidó o sus seguidores? ¿Una marcha como la del 2002, como las que se hicieron hasta el 2014 inclusive? Podrían bajarse de esa nube, por razones muy sencillas de entender: 

1. Una razón de NÚMERO: más de la mitad de la gente que salió el 11A se largó del país. De hecho, si ese día salió un millón de personas, pues se han ido 5 millones de venezolanos entre esa fecha y el día de hoy. De cuantos se han ido, mucho más de la mitad son opositores. Otro grupo de los marchantes de 2002 murieron (razones lógicas de edad, o bien por enfermedades causadas por estrés continuado ...o el hampa), y otro más ya están muy mayores y estropeaditos como para caminatas. En los últimos cinco años, muy especialmente en los últimos 3, el éxodo se ha acelerado. 


2. Impidieron la entrada a Caracas desde varios puntos del interior, razón de más para que el número de asistentes se redujera solo a los caraqueños. 



3. Nunca, jamás, luego del 2002, salió demasiada gente de las zonas populares, que son las más populosas. Los marchistas más perseverantes siempre han sido de las clases medias y justo es el sector social que más ha emigrado. 



4. Por último, aunque no menos importante, está el HASTÍO por el discurso errático y plagado de engaños de una dirigencia demasiado próspera, viajera y escoltada que cada día convence a menos gente”. 

No hay fuerza ni voluntad para “la marcha sin retorno” 

Esa falta de respaldo sustancial también la vivió en carne propia el máximo dirigente adeco, Henry Ramos Allup, quien después de gozar de extraordinaria popularidad mientras estuvo al frente del parlamento nacional, ha visto perder mucho de su liderazgo. Crónica 1 apunta: Al mediodía, la mayoría de los diputados integrantes del bloque parlamentario de Aragua, acompañados del secretario general de AD, Henry Ramos Allup, se congregaron en las escaleras de la Catedral. La arenga, apoyada por apenas un megáfono, no motivó a los pocos presentes, quienes no llenaban ni siquiera una cuadra de la avenida Bolívar de Maracay. 

Ramos Allup declaró a los medios que “el régimen de Nicolás Maduro insiste en reprimir estas manifestaciones, que eso a mí me parece un ejercicio totalmente inútil. La represión, las bombas, los colectivos, los policías, en fin las bandas de choque del régimen pueden impedir que una marcha vaya de un lugar a otro, pueden quitar una vida, pero no van a calmar, ni a quitarle a la gente el derecho a protestar (…) la gente no protesta por una especie de ejercicio ocioso, la gente protesta porque tiene problemas... Si en algún sitio del mundo hay razones sobradas para protestar es aquí en Venezuela (…) Mi mensaje al pueblo venezolano es que salgan a las calles a protestar, no se protesta desde la casa. Simplemente estamos ejerciendo nuestro derecho a protestar, y nadie nos va a quitar ese derecho”. 

Fue evidente también lo que se ha dicho en reiteradas oportunidades; que la gente está abocada a resolver su necesidad más apremiante, que es la de subsistir; y por eso algunas personas fueron a las marchas a ‘prebuscarse’, de acuerdo a lo informado por Crónica1: “Comerciantes informales (en Valencia, capital carabobeña) hicieron su agosto con precios dolarizados de artículos para marchar e hidratación. Banderas medianas a cinco dólares; las pequeñas, a tres dólares. Ofertaban dos vasos pequeños de cepillados por un dólar, y seis chupetas por un dólar. También aceptaban bolívares y pago móvil”. 

Crónica 1 también constató esa cruda realida en Maracaibo, estado Zulia a través de las declaraciones del profesor jubilado Renato Ojeda: “Estoy apoyando esto porque Latinoamérica está despertando y nosotros también podemos salir de esto, pero también estoy vendiendo agua y hielo, porque mi sueldo da pena. Mis hijos están fuera y quiero que regresen, pero con la Venezuela libre que soñamos todos, no así”. 

“Los zulianos no tenemos tiempo para protestar”, dijo Lucas Urdaneta, que sumaba casi 24 horas en una estación de servicio cerca del punto de concentración pautado en Maracaibo para manifestar en contra de Nicolás Maduro. “Aquí la gente anda en otra vaina, o metidos aquí, como yo, o comprando comida. Ni siquiera pensamos en guardar algo por si se prende un peo, porque ya aquí no pasa nada”. 

La concentración zuliana, apunta Crónica1, reunió un aproximado de 300 manifestantes, entre movimiento estudiantil, partidos, gremio de enfermeras, maestros y profesores universitarios. Cada quien dio su discurso pasadas las 11:00 de la mañana. La exgobernadora Eveling Trejo de Rosales dijo: “Soy consciente que hay que recuperar la esperanza de la gente, para que salgan a la calle, por eso nosotros estamos aquí dando ejemplo de unidad”. 

El consuelo para algunos es que el régimen y sus seguidores, concentrados al oeste de Caracas, como contramarcha a la oposición y en respaldo al renunciante presidente de Bolivia, Evo Morales, se ha reducido literalmente al significado de la palabra escuálido, popularizada por Chávez para burlarse de las concentraciones de sus adversarios.Tan disminuida estuvo la “ex marea roja” que Maduro brilló por su ausencia. Ciertamente, solo los sostienen las armas. 

A eso de las 3:00 de la tarde la jornada de protesta del 16-N llegó a su fin en gran parte de la geografía nacional sin hechos que lamentar. Guaidó había anunciado la nueva agenda de protestas que comenzará este lunes con una serie de manifestaciones en varios puntos del país, seguirá el martes con actividades en apoyo a los profesores venezolanos, y se extenderá hasta el jueves 21, con una marcha de estudiantes universitarios. 

¿Y la marcha sin retorno? Lamentablemente no pasa de ser una consigna, pues antes del anochecer todos los manifestantes habían recalado a sus casas. 







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La desesperanza se impuso en las calles durante las concentraciones opositoras La desesperanza se impuso en las calles durante las concentraciones opositoras Reviewed by Alejandro Domecq on 11:50:00 Rating: 5

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