VENEZUELA, RECTA FINAL PRESIDENCIAL: La certeza de lo incierto de la incertidumbre con hambre, escasez y carestía




Un “pato echao” en bolas criollas es un arrime o boche lanzando la bola con una altitud que dibuje una parábola en el aire y cayendo aplastada en la arena pegada al mingo o sacando de cuajo la bola contraria y anclándose o enterrándose en la arena como para no moverse más, y un pato echao en un granero es simplemente un animalito aplastado en el suelo a la espera de... Así parece estar Venezuela luego de la elección Constituyente y la de gobernadores y alcaldes. Echados esperando, así se dibuja el escenario del país, al menos, de aquellos quienes adversan al actual régimen.

Venezuela se acostumbró a vivir en medio de la incertidumbre. No hay un tiempo de descanso para el venezolano, elección, tras elección, cada una con más ventajismo y trampa que la otra a favor de quienes ostentan el poder y paralelamente el aumento imparable de la inflación, transformada en hiperinflación que se traduce en carestía máxima, escasez y hambre, todo lo cual termina en el empobrecimiento de una sociedad que anda como burro en orilla de barranco, viendo para todos lados, pero estáticos.

Restan solo doce (12) días para la celebración de las elecciones presidenciales en Venezuela y en ese contexto solo hay tres certezas con las cuales concuerdan algunos especialistas y nuestra politólogo consultada: Uno, las elecciones se harán el 20, llueva, truene o relampaguee y no habrá prórroga ni más cambios de fecha. Dos, el presidente Nicolás Maduro será reelecto como jefe de Estado por el período constitucional 2019-2025. Tres, no pasará nada.

¿No pasará nada?

Tajantemente, la politólogo Trinidad Márquez, docente en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas, dice que NO.

“Si con la escasez de alimentos y medicinas con lo que tenemos casi cuatro años ininterrumpidos padeciendo, las pésimas condiciones en las que se encuentran las instituciones públicas, la creciente inseguridad, el tema del pésimo servicio eléctrico que hoy azota a estados importantes como el Zulia y la región andina, no ha pasado nada. Si con el robo que el régimen le hizo a la Gobernación del Zulia impidiendo que su gobernador electo por votación popular se juramentara ante la instancia que corresponde y asumiera su período de gobierno no pasó nada. Si se permitió que se instalara de facto una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) que hace y deshace sin órgano alguno que pueda controlarla y no pasó nada. Si la inhabilitación, persecución, encarcelamiento y terrorismo policial que ha impulsado el régimen contra los principales actores de la oposición quienes serían los verdaderos contrincantes en una eventual contienda electoral no ha movido las fibras del liderazgo opositor que conduzca a la acción política y social y finalmente si la protesta de casi un año protagonizada por gran parte de la población venezolana con saldo de más de 150 muertos y la masacre contra Oscar Pérez y sus aliados en alza no produjeron reacción alguna, menos lo va a producir el que Nicolás Maduro, valiéndose de todos los artilugios que conocemos que aplica con el apoyo de su Constituyente y su Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) sea reelecto como Presidente de la República”.

“Trágicamente, para el pueblo de Venezuela –prosigue- quedamos sin timonel en un barco que se hunde. Quedamos sin líder de una manada que no tiene líneas de orientación de lucha, que no tiene hojas de ruta, que no tiene cabeza visible que convenza, que agite, que encabece una acción que conduzca al país a la reacción social necesaria, aminorada además –y esto es pertinente aclararlo- por la política de miedo, terrorismo y represión militar que impuso el régimen a la protesta, pero que debe saberse canalizar por el supuesto liderazgo que tenemos dentro de las filas opositoras para conducir al país a una acción sistemática, planificada, orientada y con objetivos muy claros, con estrategia. Estamos acéfalos y no hay más tiempo para nada, las elecciones son prácticamente mañana y nada ni nadie las va impedir”.

¿Y la presión internacional?

Márquez sostiene que la comunidad internacional ha hecho su trabajo: “El problema del liderazgo opositor es que entregó la acción política y social para combatir este régimen a la comunidad internacional y ésta ya ha hecho lo que le corresponde. ¿Qué puede pasar el 21 de mayo? Que buena parte de la comunidad internacional; Estados Unidos, la Unión Europea, el Grupo de Lima, Canadá, entre otros países no reconozcan la elección presidencial ni su resultado cuyas repercusiones, desde luego, que serán mucho más visibles de lo que son ahora, porque el régimen estará aislado, como lo está el cubano y sigue mandando. Si la salida no es construida desde adentro, desde Venezuela, con la batalla que demos dentro del país, no esperemos mucho del no reconocimiento internacional, porque Maduro y su gobierno ya han estudiado hasta el cansancio estos escenarios y tienen sus aliados de dónde agarrarse: Están Rusia, China, India, algunos países de la Liga Árabe, y sus borreguitos del hemisferio, las islitas a las cuales les surtimos de petróleo a cambio de lealtad, Bolivia, Cuba y Nicaragua”.

¿Puede haber sorpresas en el resultado electoral?

"En absoluto. No están dadas las condiciones para que haya una sorpresa. Algunos colegas y analistas viven de ilusiones y mueren desengañados. ¿Cómo alguien puede pensar que aquí habrá una sorpresa expresada en resultados cuando lo que ha hecho la MUD y la misma comunidad internacional es llamar al no votar? La sorpresa que yo entiendo como tal es que gane Henri Falcón o quizá Javier Bertucci, eso no va a pasar jamás, porque aquí la mayoría de la población votante opositora está convencida de no ir a votar y no lo harán, así que aquí no habrá sorpresa alguna".

¿Es votar la solución?

La docente lo explica bajo una óptica de la retrospectiva reciente: “En 2005, con más o menos las mismas condiciones, el mismo Consejo Electoral, el mismo ventajismo y la misma trampa, se cedió por entero en el único escenario que la democracia nos ofrece para ‘hacer algo’ que es el voto. Desde entonces, solo en 2015, diez años después, y bajo las circunstancias deplorables que comenzó a padecer el país, fue que se construyó el convencimiento colectivo de la necesidad de recuperar espacios de poder político y se ganó de manera contundente la Asamblea Nacional (AN) para entonces, volver a caer en el juego del Gobierno, que es neutralizar la capacidad de movilización y participación”.

La analista afirma que "uno de los peores errores en los que ha incurrido la oposición, en mi criterio, es en pretender imponerle condiciones al régimen. ¿En qué cabeza cabe que un régimen dictatorial como este va establecer las condiciones de equidad, igualdad de oportunidades, respeto a las condiciones de competencia sabiendo que con ello pierden las elecciones? ¿Hasta cuando Julio Borges, Enrique Márquez, Delza Solórzano, Timoteo Zambrano, Henry Ramos, Omar Barboza, el mismo Ramón Aveledo, y otros altos dirigentes vinculados a la MUD van a pedirle a Maduro que establezca condiciones y garantías reales de transparencia? Eso es pedirle a un dictador que ponga las condiciones para que sea sacado del poder vía sufragio, no hay que tener un doctorado en politología y en ciencias ocultas para saber que el régimen no pondrá condiciones que les sean adversas a ellos".

“Con esto digo –precisa- que el decir 'no voy a participar porque no hay condiciones' es colocarle al régimen la alfombra roja, es caer en el juego que impone el régimen, el mismo que impuso en 2005, porque al régimen nunca le ha interesado que el país como un todo vote; ¿Por qué no organizaron con la misma rapidez y eficiencia de ahora el referendo revocatorio? ¿Por qué dilataron hasta después de haber construido un piso sólido que les garantizase triunfo, la celebración de las elecciones regionales, que no las hicieron cuando correspondía sino cuando a ellos les convino? Entonces, no caigamos en el cuento de que al Gobierno le interesa que la gente vote y que todas estas últimas elecciones, desde la Constituyente hasta la del 20 de mayo obedecen al talante democrático de este régimen. Ellos jugaron todas las piezas del ajedrez para acomodar el juego a su conveniencia y les sigue interesando que la gente no vote y ¿cómo han hecho que la gente no vote? Dividiendo a la oposición, desarticulando la esencia del proyecto político opositor, arrinconándolos al extremo de sacar lo peor de cada uno y con ello desinflar el ímpetu que venía en crecimiento en una población cuya mayor parte decidió emigrar”.

Márquez concluye: “Si todo el país vota, estamos hablando de los casi 20 millones de venezolanos inscritos en el CNE y aptos para votar, si todos votan o al menos unos 8 millones de electores votan en contra de Nicolás Maduro éste pierde las elecciones así hagan la trampa que hagan. Las elecciones del 2015 son un ejemplo. Ese día dilataron el anuncio de los resultados, porque se cansaron de ver cómo trampeaban los mismos y no pudieron, el problema es que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se retiró del juego, el candidato que supuestamente está haciendo oposición no tiene credibilidad en la mayoría de la gente que adversa al régimen y hay un tercer elemento que marca una división, una fragmentación y es la candidatura de un Bertucci que pareciera crecerse más y más y tener cada vez un importante número de seguidores, con los cuales segura estoy que no va a ganar, pero va a obtener una buena votación, esa fragmentación, más la enorme abstención impulsada por la oposición MUD y gran parte de la comunidad internacional se confabularán a favor de Nicolás Maduro”.

La certeza de la incertidumbre de lo incierto es que ciertamente parece que todo está puesto para un nuevo período de seis años más de revolución bolivariana a cuestas, pues, la dirigencia opositora manda a no votar, pero no explica el plan a seguir luego del resultado electoral, entonces no se vota el 20 y ¿Qué pasa el 21? ¿Lo mismo que el 31 de julio cuando la Constituyente? no se sabe, pero ese lunes llegará y al parecer, no pasará nada.

Santiago de León

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