¡PARA TOMAR EN CUENTA! Los riesgos que implican cruzar la frontera a Brasil



¡PARA TOMAR EN CUENTA! Los riesgos que implican cruzar la frontera a Brasil


Más de 30 horas de viaje, sobre venta de boletos y exceso de equipaje, falta de repuestos en los autobuses, numerosas inspecciones de la Guardia Nacional sin siquiera validar identidades y delincuentes sin miedo a la ley, enfrentan quienes quieren cruzar la frontera en busca de calidad de vida, según reseña El Estímulo.

Ala 1:20 pm se iluminó la pantalla con el número 747. Era su turno. Después de más de 5 horas de espera en la Policía Federal de Brasil ubicada en Pacaraima frontera con Venezuela por Santa Elena de Uairén, Marylin entró y se dirigió a la taquilla 2 como le indicaron. Nerviosa y entonando su recién aprendido portugués le dijo a la funcionaria de inmigración que era venezolana y deseaba solicitar la residencia temporal de acuerdo con la Resolución Normativa N 126 de marzo de este año, para vivir en Manaus.

“Ese trámite no es por aquí” le respondió. Un brasileño que la acompañaba intercedió y preguntó dónde se realizaba. La funcionaria cambió de actitud, quien sabe si por escuchar una entonación familiar de un compatriota o un tono menos ansioso. Se levantó y se dirigió a una oficina a consultarle a otro funcionario. Regresó y le explicó que la solicitud la tiene que hacer ante la Policía Federal de Manaus ciudad a la que le dijo que se dirigía y que le daría 2 meses de permanencia como turista para que tuviera tiempo de obtener los requisitos.

Fue diligente, le entregó una hoja con los pasos a seguir y le selló el pasaporte como a los 6.438 venezolanos que entraron por el Roraima a Brasil entre enero y julio de este año para pedir refugio, cifra que se duplicó en 6 meses, según el Ministerio de Justicia de ese país.

Al salir, Marilyn, comunicadora social y madre de 2 hijos, con los que viaja en busca de calidad de vida y progreso, celebró sudorosa la aprobación de ingreso a Brasil con la señal de la cruz y pensó que lo peor había ocurrido en la carretera y no en aquella oficina de inmigración.

Reconoció en la sala de espera a varios de los pasajeros con los que compartió durante 2 días el autobús de Expresos Occidente que la trasladó desde el terminal de oriente en Caracas hasta Santa Elena de Uairén.

Sonrió y con mirada cómplice con sus compañeros recordó lo que horas antes vivieron. Salieron el sábado 5 de agosto a las 10:30 am en un autobús con boletos sobrevendidos. Pagaron 45.000 bolívares y creían que sería un autobús de 2 pisos y equipado para viajes largos, es decir con baño, butacas reclinables y aire acondicionado.

Sin embargo, no fue así. Hasta había personas viajando de pie en un trayecto que se suponía de al menos 24 horas. El espacio en el maletero estaba tan lleno que colocaron sus grandes bolsos en el pasillo cuyo espacio era más pequeño que el tradicional, lo que impedía el libre tránsito.

Al rato de iniciada la travesía los pasajeros descubrieron que el baño no estaba operativo, que los asientos apenas se reclinaban y que con el exceso de pasajeros el aire acondicionado apenas refrescaba, pero la emoción seguía intacta.

A pocas horas en carretera al autobús se le rompió una manguera y sin señalización ni casas en el horizonte no se pudo precisar el lugar. Al retirar la pieza al ayudante del chofer le cayó agua caliente en la cabeza y rostro. Angustiados los pasajeros lo ayudaron. Un grupo de excursionistas que se dirigian al Roraima le colocó vaselina para aliviar el ardor que le producía la quemadura.

Una señora le dio 2 analgésicos para calmar el dolor mientras el muchacho desesperado no paraba de colocarse hielo y agua. El autobús no contaba con un botiquín de primeros auxilios ni tampoco con la manguera de repuesto que se había roto.

El chofer caminó y regreso a la hora con una manguera que le habían regalado en una finca vecina. Se la colocaron, le echaron agua y ¡Oh sorpresa! arrancó el autobús.

La alegría duró poco. Antes de Boca de Uchire, estado Anzoátegui se volvió a romper la manguera. La ajustaron, le colocaron agua y de vuelta a la carretera. Ya tarde en la noche ocurrió de nuevo, fue la cuarta parada.

El ayudante del chofer les pidió a los pasajeros ya dormidos que se bajaran del autobús y se mantuvieran juntos porque se encontraban en una zona roja. A los hombres les dijo que cerca vendían cerveza y ron por si querían refrescarse. Nadie reclamó.

El procedimiento resultó y retomaron el viaje.

Las siguientes 5 paradas fueron por orden de la Guardia Nacional Bolivariana. Le gritaban a los hombres que bajaran de la unidad, les pedían la Cédula de Identidad, le miraban la cara y los mandaban a subir de nuevo, sin revisarlos. En 2 alcabalas registraron las maletas, sin extraer nada y sólo en un puesto de la guardia verificaron los datos de los hombres a través de llamadas telefónicas. Las mujeres eran invisibles para los militares, gracias a Dios.

Mineros entre la miseria y la abundancia



En Las Claritas, kilómetro 88 del estado Bolívar, bajaron 6 pasajeros, pero subieron 7 adultos y 2 niños, con maletas y hasta una bicicleta.

El lugar era miserable e intimidante. Calles sin aceras y todo lleno de barro. En ranchos o casas muy deterioradas funcionaban los comercios. Exhiben todos los productos que están escasos en Caracas, pero por bultos. Había harina precocida de maíz y harina de trigo, azúcar, arroz, leche, pasta, productos de aseo personal, pañales, toallas sanitarias y todo tipo de licor.

Además sobre mesones, ubicados entre el barro del piso y pilas de basura se podía conseguir gran variedad de medicamentos. Desde anticonceptivos, antipertensivos y hasta para el cáncer.

Según comentó uno de los nuevos pasajeros “todo es carisimo, la harina pan está en 25.000 bolívares y sólo aceptan efectivo”. El más viejo del grupo dijo que en ese pueblo habitan mineros dedicados a la extracción de oro, prostitutas, delincuentes armados que no le temen a la ley y gente “de malas mañas”, que ganan mucho dinero y andan con bolsas de billetes porque no hay puntos de pago ni mucho menos. “Ese es un pueblo de bárbaros que van y vienen por dinero y pueden joderla en el camino. Tenga cuidado”, advirtió.

Desde la ventana del autobús se observaron grandes avisos que decían “Se compra y vende Oro” en suerte de tiendas.

Prosiguió el viaje, los dos niños que ingresaron en la última parada durmieron en el piso y la madre consiguió que un caballero le cediera el puesto.

Para recargar agua el chofer se detuvo en la piedra de la virgen que marca la entrada hacia la Gran Sabana. Algunos agradecieron la parada y se dieron un refrescante baño en la pequeña cascada, otros bebieron mucha agua y Marylin le agradeció a la virgen haber llegado allí viva.

Llegada la hora del almuerzo realizaron otra parada esta vez con el propósito de alimentarse. Una churuata atendida por mujeres indígenas funciona como restaurante en medio de la sabana. Un plato de pollo a la plancha, ensalada y arroz cuesta 18.000 bolívares y un pescado con papas y ensalada 20.000 bolívares. Por un paquete de galletas hay que pagar hasta 8.000 bolívares y por una pastilla para el dolor de cabeza 2.000 cada una.

El hermoso paisaje de los Tepuy en el horizonte logró apaciguar el temor y la ansiedad de Marylin. Tal y como si se tratará de un paseo turístico o una excursión el chofer se detuvo en Kama Meru, una hermosa e imponente cascada. Algunos pasajeros se quejaron, pero la mayoría se bajó a tomar fotos.

Comenzó a llover y el resto del trayecto se recorrió a menor velocidad. A las 6:00 pm del domingo 6 de agosto luego de 31 horas y media de haber salido de Caracas, Marylin llegó a Santa Elena de Uairén agotada, pero lista para enfrentar con optimismo el reto que significa ser inmigrante en Brasil con el pasaporte de la República Bolivariana de Venezuela.


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¡PARA TOMAR EN CUENTA! Los riesgos que implican cruzar la frontera a Brasil ¡PARA TOMAR EN CUENTA! Los riesgos que implican cruzar la frontera a Brasil Reviewed by Moisés Arévalo on 07:21:00 Rating: 5

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